Si el capítulo anterior del recetario isleño fue el choco frito, este es el resto de la familia: el choco —la sepia de esta costa— es uno de los productos más versátiles de la lonja y protagoniza varios de los platos más queridos del recetario onubense. Tres clásicos para dominarlo en la cocina de casa.

Habas con choco: el guiso emblema

El matrimonio más célebre de la cocina de Huelva: habas tiernas y choco troceado, guisados despacio con cebolla, ajo, un buen aceite de oliva y el punto de hierbabuena que cada casa defiende como propio. Es plato de cuchara y de primavera, cuando el haba está en su momento, y la prueba de que la cocina marinera y la de la huerta llevan siglos entendiéndose en esta tierra.

Patatas con choco: el de diario que enamora

El guiso humilde por excelencia: un sofrito de cebolla, ajo y pimiento, el choco en trozos, patatas chascadas para que engorden el caldo, pimentón y fuego lento hasta que todo se abraza. Es cocina de las de repetir, barata y honrada, y uno de esos platos que explican por qué en los pueblos pesqueros se come tan bien sin aspavientos.

Choco a la plancha: el minimalista

Para cuando el choco es muy fresco y grande, la plancha bien caliente es todo lo que hace falta: marcar por ambos lados, y al final un majado de ajo y perejil con aceite de oliva por encima. La carne debe quedar tierna con el exterior dorado; como en su versión frita, el exceso de cocción es el único enemigo.

El ingrediente que no se negocia

Las tres recetas comparten un secreto que no es técnica sino compra: el choco fresco de lonja. En el mercado de abastos de Isla Cristina llega cada mañana del muelle de al lado, y esa frescura es la diferencia entre un plato correcto y uno memorable.

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