Las marismas de Isla Cristina: aves, camaleones y cómo visitarlas

Todo el mundo llega a Isla Cristina mirando al mar, pero el pueblo tiene dos aguas. La de atrás, la que sube y baja dos veces al día sin hacer espuma, es el Paraje Natural Marismas de Isla Cristina: más de dos mil hectáreas de caños, esteros y llanuras de fango que son uno de los grandes refugios de aves del suroeste peninsular.

Un paraje protegido entre dos ríos

Las marismas se formaron con los sedimentos de los ríos Guadiana y Carreras y el trabajo diario de las mareas atlánticas. El conjunto, repartido entre Isla Cristina y Ayamonte, está protegido como Paraje Natural desde 1989 y declarado Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA). El paisaje cambia de cara cada seis horas: con marea alta es un espejo; con marea baja, una llanura donde miles de aves bajan a alimentarse.

Las aves: unas 140 especies

Alrededor de 140 especies usan estas marismas para criar, invernar o hacer escala en sus migraciones. Las estrellas: el flamenco, el águila pescadora, la espátula con su inconfundible pico en forma de cuchara, la avoceta, las garzas y un ejército cambiante de limícolas en cada bajamar. La mejor observación suele coincidir con la marea baja y las primeras y últimas horas de luz, y la regla de oro es sencilla: cuanto más quieto estés, más verás.

El camaleón y su ruta

En los cordones de dunas que separan la marisma del mar, entre pinos y sabinas, vive el camaleón común, una rareza zoológica en Europa. El pueblo le ha dedicado la Ruta del Camaleón, un sendero de unos 7 kilómetros entre pinar y dunas reconocido con el galardón internacional Sendero Azul. Verlo no es fácil y esa es la gracia; si lo encuentras, no lo toques ni lo muevas: es una especie protegida.

Cómo visitar las marismas

Hay varias puertas de entrada. El Molino Mareal de Pozo del Camino, un molino de mareas del siglo XVIII rehabilitado como ecomuseo, es la más didáctica. La Vía Verde Litoral, sobre el antiguo trazado del ferrocarril entre Ayamonte y Gibraleón, atraviesa el paraje y es ideal en bicicleta, con centro de interpretación y observatorio de aves en el recorrido. Y los senderos señalizados permiten recorrerla a pie. Recuerda que es un espacio protegido: sin atajos por las dunas y con los perros siempre atados, porque hay aves que crían en el suelo.

Completa la visita: qué ver en Isla Cristina y las playas, una a una.