Cocer una gamba blanca de Huelva es de esas tareas engañosas: parece imposible fallar y es facilísimo fallar. Un minuto de más y la joya de esta costa se convierte en goma cara. La técnica correcta es sencilla, pero tiene sus reglas, y quien vive junto a la lonja más importante de Andalucía las aprende pronto. Aquí van.

Lo que necesitas

  • Gamba blanca fresca, a poder ser comprada la misma mañana
  • Agua abundante y sal gruesa marina, con generosidad: el agua de cocción debe recordar al mar
  • Un recipiente con agua muy fría, hielo y un puñado de sal para cortar la cocción

El método, paso a paso

  1. Lleva a ebullición el agua bien salada.
  2. Echa las gambas y no te muevas de la olla: es cuestión de un momento.
  3. La señal clásica: cuando suben a la superficie y cambian de color, están. Hablamos de un tiempo brevísimo; ante la duda, mejor sacarlas antes que después.
  4. Directas al agua helada con sal: el golpe de frío corta la cocción, tersa la carne y facilita el pelado.
  5. Escurre, deja templar y sirve. Sin limón, sin salsas, sin nada: la gamba blanca buena se basta sola.

Los tres errores que la estropean

Pasarse de tiempo, el pecado capital; quedarse corto de sal, que deja la gamba sosa por dentro; y amontonarlas en poca agua, que baja la temperatura y las cuece a medias. Evitados los tres, el resultado es la tapa más elegante que existe con dos ingredientes.

La materia prima manda: en el mercado de abastos de Isla Cristina la gamba llega de la lonja de al lado. Y si prefieres que la cuezan otros, la guía de dónde comer en Isla Cristina sabe el camino.