Hay pueblos que le deben su existencia a un río, a un castillo o a un cruce de caminos. Isla Cristina se la debe a un pez de quince centímetros. La sardina trajo a los fundadores, pagó las plazas y los paseos, levantó las fábricas y hasta se gana un entierro con honores cada año en el Carnaval. Esta es su historia, que es la historia del pueblo.
Los sardineros que fundaron un pueblo
A mediados del siglo XVIII, pescadores catalanes y valencianos venían cada temporada a estas aguas atraídos por los caladeros de sardina del golfo de Cádiz. Pescaban, salaban el pescado en la orilla y volvían a sus puertos. El terremoto de Lisboa de 1755 arrasó sus chozas de temporada y, contra todo pronóstico, decidieron quedarse y reconstruir: así nació La Higuerita, la actual Isla Cristina. Pocas veces un pez ha fundado tanto.
Charangueros, jabeques y la lota
Aquella primera economía sardinera tenía su propia flota con nombres que aún resuenan en el habla local: los charangueros, barcas pequeñas que traían la sardina de la costa hasta la lota —la lonja, en palabra heredada del catalán—, y los jabeques, embarcaciones mayores que llevaban el pescado salado hacia Sevilla y los puertos del Mediterráneo. La campana de la lota, que anunciaba la subasta, organizó la vida del pueblo durante generaciones.
El Oro Azul
La segunda mitad del siglo XIX y el primer tercio del XX fueron los años dorados de la sardina, que aquí llamaron con toda justicia el Oro Azul. Llegó el arte de cerco, y en 1892 se levantó la primera fábrica de sardinas en aceite, germen de la industria conservera que multiplicó fábricas y jornales. De aquella prosperidad quedan las casas modernistas de la burguesía conservera que aún adornan el casco histórico. La fiesta terminó hacia 1928, cuando la sardina empezó a escasear: el pueblo aprendió entonces que del mar se vive, pero el mar no firma contratos.
La sardina hoy: del cerco al espeto
La sardina sigue entrando cada día por la lonja isleña con la flota de cerco, y sigue siendo protagonista de la mesa local, del espeto veraniego del chiringuito a las preparaciones de toda la vida. Y sigue siendo símbolo: el Entierro de la Sardina que cierra cada Carnaval es el homenaje en clave de humor de un pueblo sardinero a su pez fundacional. Doscientos setenta años después, la relación sigue viva.
Sigue el hilo: la lonja de Isla Cristina y cómo visitarla, y dónde comer la sardina como se debe.