A las afueras de Isla Cristina, entre los caños de la marisma, sobrevive la última salina artesanal de la provincia de Huelva: las Salinas Biomaris, que todo el pueblo conoce como las Salinas del Alemán. Aquí la sal se sigue extrayendo solo con viento y sol, como se ha hecho siempre, y la visita es una de las experiencias más completas del pueblo: historia, marisma, aves y oficio en un mismo paseo.
Por qué "del Alemán"
La salina fue puesta en marcha a mediados de los años cincuenta por el empresario alemán Hans Burghard para su compañía, Biomaris, y el nombre popular quedó fijado para siempre. Cuando el frío industrial jubiló a la sal como conservante y las salinas artesanales de la provincia fueron cerrando una tras otra, esta siguió: hoy es la única de Andalucía donde la extracción se mantiene cien por cien tradicional.
La flor de sal: lo más delicado del pueblo
En un pueblo de almadrabas y galeones, resulta que el producto más delicado se recoge con las yemas de los dedos. La flor de sal es la capa finísima de cristales que se forma en la superficie del agua de las balsas, solo cuando el viento sopla con la suavidad justa. Se recolecta a mano, sin lavar y sin añadir nada, y su textura crujiente y su riqueza mineral la han convertido en la sal preferida de las buenas cocinas. La gama se completa con la sal marina virgen de toda la vida y las escamas de sal.
La visita: sal, aves y hasta baños de fango
La salina ofrece visitas guiadas que recorren el proceso de era en era y las historias de la casa, y experiencias como los baños de magnesio y fango de propiedades apreciadas. Las balsas son además comedero predilecto de aves limícolas, así que los prismáticos no sobran. El mejor momento es el verano, en plena cosecha, cuando las montañas de sal blanca están en su esplendor y las balsas se tiñen de rosa al atardecer. Consulta temporada, horarios y reservas antes de ir.
El recuerdo que se come
Un consejo de despedida: olvida el imán de nevera. De Isla Cristina se vuelve con un paquete de flor de sal de la última salina artesanal de Andalucía, que cuesta poco, pesa menos y cuenta esta historia entera cada vez que se abre en una cocina.
Completa el plan con el resto de imprescindibles de Isla Cristina y una visita a las marismas que rodean la salina.